En la mitología griega lo llamaban Eros, para los romanos era Cupido. En ambos casos, era el dios responsable del amor, y era tambiénvenerado como un dios de la fertilidad. En el arte, se le representa como un joven o un infante alado, con un arco y un carcaj en el que llevaba dos clases de flechas: unas doradas con plumas de paloma que provocaban un amor instantáneo, y otras de plomo con plumas de búho que provocaban la indiferencia.
Últimamente y de forma involuntaria, estamos asistiendo a eventos de violencia en un sector fundamental en la economía del país, situaciones extremas que no han sido resueltas y ante las cuales solo se enfocan soluciones policiales sin ver en lontananza, que la amenaza de estos actos va mas allá de un sector productivo específico y en algún momento dichas acciones serán referentes laborales para una efectiva “reubicación laboral”, generando una “innovación” en las formas de solicitar empleo.
De acuerdo a los indicadores oficiales, el sector construcción crecería 16.5% durante el presente año, debido al impulso que le brinda el Estado en medio de la crisis financiera internacional. Esto va a permitir, que se generen más de 380 mil puestos de trabajo directos en el 2009. El dinero público que se inyectará al sector, es de 4,700 millones de soles, de los cuales 2,700 millones están destinados a subsidios de los programas sociales de vivienda como Techo Propio. Ante este panorama alentador, hay sin embargo situaciones que se vienen haciendo frecuentes y son pasadas por alto.
El 31 enero del 2007, y mientras paseaba por el parque; Gabriel García Suárez murió de un impacto de bala en la cabeza. Permaneció durante nueve horas en la sala de cuidados intensivos pero no resistió la lesión. No era trabajador, jefe de obra o dirigente de algún gremio sindical. Era un niño de 10 meses de nacido, que estaba de paseo en el cochecito conducido por su abuela. Todo porque a través del programa 'A Trabajar Urbano' en la Región Callao, se había contratado a varios vecinos de la urbanización San Juan Masías para refaccionar un parque y construir un local comunal. El día anterior, un grupo de “trabajadores” acudió a la obra a exigir cupos y fueron rechazados. Al día siguiente dejaron una estela de horror al iniciar una balacera a las 8 de la mañana frente al mercado Tambo Machay de la Urbanización San Juan Masías.
El 20 de mayo del 2009, a las 11.00 de la mañana un grupo de trabajadores de una obra que se edifica a un costado de la avenida Tomás Valle, en el cruce con la Panamericana Norte, fueron atacados con armas de fuego por otro grupo de “obreros” que reclamaba esos puestos. Un joven de 21 años murió a consecuencia del impacto de bala en el tórax. Siete obreros más, quedaron gravemente heridos de los cuales uno perderá un pulmón. Mientras tanto, en Ancon se produjo el mismo día una balacera donde falleció otro trabajador. La disputa en este caso, es por lograr los puestos de trabajo en lo que será la construcción del penal de Piedras Gordas II. Entre el período intermedio de estas fechas, el calendario de violencia impuesto por estas bandas, ha sido rigurosamente cumplido.
“COMO OPERAN LOS CUPOS DE PAZ LABORAL”
Se denomina “Cupo de Paz Laboral” al desembolso del 1.5% o del 2% del presupuesto total de la obra a fin que los denominados “chalecos” no paren la obra y no ocurra ningún acto de violencia. Este “puesto” laboral, equivale a un agente de seguridad de una obra. En realidad, estos grupos obligan a los responsables de la obras a contratar a estas personas. Estas bandas, unas quince en total en Lima y Callao, exigen mediante la violencia cupos de trabajo que pueden llegar a ser del 30 % de toda la mano de obra dispuesta en un proyecto de construcción, provocando su paralización.
El “modus operandi” no resulta improvisado. Por el contrario, estos grupos lo primero que hacen es recopilar información acerca del lugar y fecha de inicio de una nueva obra, asi como los datos de la empresa encargada de su ejecución y del ingeniero responsable. Luego, realizan un “reglaje” desmenuzado. Con la información debidamente procesada, solo tienen que realizar contacto con el responsable de la obra mencionándole donde se encuentran en ese mismo momento su esposa e hijos. Es evidente, que el impacto psicológico del profesional a cargo de la obra, es devastador.
Pero lo que podría ser una realidad focalizada en una empresa específica o en un solo sector productivo, se ha convertido en un fenómeno sociallaboral-policial cuyas incubadoras son las cárceles. Antiguos liderazgos dedicados a ejecutar secuestros y asaltos, han visto un prometedor “nicho de negocio” en invertir sus recursos creando bandas y grupos organizados basados en la extorsión y el crimen organizado. No solo esta realidad afecta al empresario sino a los propios trabajadores del sector construcción como es de conocimiento de la ciudadanía en general. El 12 de mayo del año en curso, un obrero de construcción civil Luis Palomino Hurtado falleció a consecuencia de cuatro impactos de bala, mientras presentaba sus documentos en el proceso de selección para trabajar en una obra en el Cono Norte de la ciudad (El Túnel, en Comas).
QUE HACER
Sin duda, que la existencia de empresas contratistas informales contribuye decididamente para crear una “jungla laboral” en el sector construcción. Según registros oficiales, entre el año 2000 y el año 2007 fallecieron en accidentes laborales un total de 184 obreros. Sólo en Lima, el 70% de la actividad constructora es informal. Y en provincias, el indicador es del 80%. Con esta informalidad las probabilidades del trabajador de acceder a coberturas médicas en caso de enfermedades profesionales (lesiones lumbares, cáncer por asbesto, sordera, quemaduras por cemento, etc) terminan siendo un juego de azar.
De otro lado, la acción de contención de la Policía Nacional del Perú (mediante el denominado “Plan Ladrillo”) que consiste en identificar a las personas que solicitan los cupos, responde a la visión del problema que tienen los miembros de esta importante institución. Sin embargo, se necesita un enfoque más amplio que permita abordar integralmente en una sola estrategia con diversos campos de acción simultáneos y coordinados; la raíz del problema.
Es lugar común, encontrar organizaciones en las que diferentes áreas de la misma empresa, se dedican a verse como “islas” independientes entre sí, no siendo de su mayor preocupación los problemas de la “otra área” por no “afectarle” ya que tienen a otro responsable a cargo.
El sector empresarial visto como un todo, en realidad representa a una organización con áreas internas que desarrollan diferentes actividades (minería, pesca, banca, industria, etc) sin que ello signifique que los problemas y riesgos de una de ellas, no afecte hoy o en el corto plazo al todo del que son parte. Por ende si conformamos con ellas un “team building” comprometido con el objetivo común de frenar la “práctica” laboral que se viene ejerciendo por las bandas organizadas en el sector construcción, podremos obtener resultados excepcionales a partir de las fortalezas que cada una de ellas va a aportar.
La diversidad de este “team building” es precisamente lo que garantiza ideas innovadoras para afrontar un problema. Si una organización quiere lograr resultados diferentes debe empezar por hacer las cosas diferentes. Para ello, los paradigmas (patrones mentales que determinan nuestra forma de ver y enfrentar el mundo) que vienen influyendo en la estrategia para abordar el problema de la violencia en el sector construcción tendrán que ser sometidos a un cuestionamiento incisivo. Lo que puede resultar perfectamente obvio para una persona con un paradigma, puede también ser totalmente imperceptible para alguien cuyo paradigma sea diferente. Cuando un paradigma genera un efecto negativo, estamos
frente a la “parálisis paradigmática” que significa la creencia de que hay y solo puede haber una manera de hacer las cosas y que no existe un modo mejor u otro modo. Nos encerramos en un método específico para resolver los problemas, tratamos de resolverlos empleando nuestros paradigmas existentes. Nos ciega el éxito de nuestro antiguo paradigma. Cuando confrontamos una forma muy nueva y diferente para continuar nuestro éxito en el futuro, podemos rechazarlo, porque no se ajusta a las reglas en que nos desenvolvemos tan bien.
Frente a las características y complejidades con que viene creciendo el fenómeno de la violencia laboral en el sector construcción, resulta necesario “dejar de cortar el árbol” todo el día y mejor darse un tiempo para “afilar el hacha”. Es necesario ver nuevas formas y alternativas. El talento con que cuentan las diversas organizaciones empresariales de éxito del país, debería ser aprovechado en un equipo multidisciplinario del sector privado que contribuya a redefinir la estrategia general. Si algún sector productivo siente aun distante y extraño el problema que atraviesan las empresas del sector construcción, probablemente este tan protegido como aquel que se subió a la copa de un árbol para ponerse a buen recaudo de un incendio forestal en la superficie, olvidando que solo es cuestión de tiempo para que por el fenómeno de la conveccion, el fuego se propague apoyado en el aire caliente que es empujado en forma ascendente.
La influencia vital que significa para el país, contar con un sector de la construcción dinámico, seguro y formal, es un beneficio para todos. Salvo que Cupido haya equivocado la flecha, y nos disparo las que tienen plumas de búho.
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